Las historias épicas siempre tienen que tener una continuación. Y más si se trata de un producto específicamente diseñado para convertirse en un bombazo en la taquilla. Hache (Mario Casas) regresa a la pantalla a lo grande, vuelve para ocupar el trono que se ha ganado a pulso como ídolo juvenil a partir de su rencarnación como nuevo "rebelde sin causa". Sin embargo nuestro héroe ha cambiado, ha sufrido una profunda transformación a causa de los traumas y las desventuras amorosas sufridas en la primera parte; ha madurado y ha abandonado su rabia adolescente para sumirse en el nihilismo y la amargura. Los días de carreras clandestinas, de camaradería viril, de descubrimiento del primer gran amor, de creerse indomable e invencible, han terminado. Ahora solo queda el peso del pasado, la culpa y el dolor. Hache ha crecido, se ha hecho mayor, y también esta nueva película parece haberse introducido en un territorio cinematográfico más adulto, más vehemente. Si bien es cierto que el director Fernando González Molina continúa imprimiendo el sello de marca reconocible que atesoró con '3 metros sobre el cielo', lo cierto es que ha perdido parte de la frescura que encontrábamos allí marcada a prueba de fuego. Tenía algo esa película que la convirtió en un fenómeno, en un hito generacional, totalmente incomprensible para los adultos y arrebatadoramente adictivo para los jóvenes, que por fin encontraban un producto cinematográfico con el que poder identificarse, con el que poder mantener un diálogo activo. No podemos prever el grado de interacción que tendrán los fans que hace dos años descubrieron '3MSC', con 'Tengo ganas de ti'. Probablemente no les haya dado tiempo a madurar tanto como a los personajes de Hache y Babi (María Valverde) y todavía les parezca un poco lejana la independencia de la que hace gala la nueva chica que aparece en el relato, Gin (Clara Lago). Lo cierto es que las motivaciones que mueven a los personajes son ahora totalmente distintas. Ya no se trata de vivir a tope, de disfrutar de la juventud, ir de fiesta y hacer el gamberro. Ahora es tiempo de asumir responsabilidades, algo que, está claro, resulta mucho menos estimulante.
Una película realmente recomendable para todo el publico mayor de 15 años.
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